En una decisión que redefine el rumbo político del partido en el poder, Morena eligió por unanimidad a Ariadna Montiel como su nueva presidenta nacional durante el Congreso Nacional celebrado este domingo 03 de mayo de 2026 en el World Trade Center de la Ciudad de México. El relevo llega en un momento clave, marcado por tensiones internas, presiones externas y la inminente batalla electoral de 2027.
La exsecretaria del Bienestar asume el liderazgo tras la salida de Luisa María Alcalde, quien se integrará al gobierno federal como titular de la Consejería Jurídica. Junto a Montiel, también fue designado Oscar del Cueto como nuevo Secretario de Finanzas del partido.
El Congreso, máximo órgano de dirección de Morena, reunió a más de mil 800 congresistas entre gobernadores, legisladores y cuadros clave del movimiento, consolidando el quórum necesario para una sesión que no solo definió liderazgos, sino que dejó ver el tono político que dominará los próximos años.
Desde el arranque, Alfonso Durazo, presidente del Consejo Nacional, lanzó un mensaje directo ante el contexto actual: pidió unidad absoluta frente a lo que calificó como “presiones externas” y advirtió sobre el riesgo de divisiones internas. Enfatizó que “aspirar no es traicionar, competir no es dividir y debatir no es destruir”, dejando claro que el proceso rumbo a 2027 debe mantenerse bajo disciplina política.
El llamado no es menor. Morena enfrenta un escenario complejo tras recientes polémicas, como el caso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quien ha estado en el centro de acusaciones desde Estados Unidos. Aunque el tema no dominó oficialmente la agenda, sí marcó el ambiente político del encuentro.
En su primer mensaje como dirigente nacional, Montiel fue contundente: la corrupción no será tolerada dentro del movimiento. Ante gobernadores, senadores y diputados, aseguró que cualquier funcionario emanado de Morena que incurra en prácticas indebidas deberá ser separado, incluso si ya ha ganado procesos internos.
“Lo que está en juego es la autoridad moral”, subrayó, al tiempo que lanzó una advertencia directa a quienes buscan candidaturas rumbo a 2027: deberán contar con una trayectoria impecable. Aclaró que las encuestas no serán un concurso de popularidad, sino un reflejo del respaldo genuino del pueblo.
La nueva dirigente también endureció el discurso contra la oposición, a la que acusó de promover la injerencia extranjera como estrategia política. Según Montiel, estos actores buscan debilitar al movimiento mediante campañas de desprestigio, desinformación y división interna.
En esa misma línea, Durazo advirtió sobre un contexto internacional “altamente complejo”, con presiones geopolíticas que, según dijo, intentan influir en las decisiones soberanas del país. Frente a ello, insistió en que Morena debe mantenerse cohesionado para respaldar el proyecto encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum.
El trasfondo de esta renovación interna es claro: el proceso electoral de 2027 no solo definirá cargos, sino el mapa político que determinará la viabilidad del llamado “segundo piso” de la Cuarta Transformación durante la segunda mitad del sexenio.
Montiel cerró con un mensaje de movilización: llamó no solo a la militancia, sino a toda la ciudadanía, a mantenerse firme frente a lo que describió como una “ofensiva permanente” contra el movimiento.
Así, Morena entra en una nueva etapa, con liderazgo renovado, discurso endurecido y una advertencia clara: la unidad será la clave para conservar el poder.












