La guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá entró en una nueva y más peligrosa etapa. La administración de Donald Trump anunció nuevas medidas contra productos canadienses, mientras Ottawa respondió con aranceles millonarios y el primer ministro Mark Carney advirtió que su país está dispuesto a pagar el costo de reducir su dependencia económica de Washington.
A partir del 15 de septiembre, nuevos productos canadienses quedarán sujetos a aranceles de hasta 50%, entre ellos determinados colchones, embarcaciones, muebles, productos de papel, aluminio y otros bienes. Además, Washington estableció restricciones que impedirán la importación de determinados productos canadienses, incluidas diversas bebidas alcohólicas, a partir del 29 de septiembre.
La Casa Blanca también elevó la presión política al plantear medidas para excluir empresas canadienses de determinados contratos del gobierno estadounidense, en una estrategia que busca utilizar el enorme mercado público de Estados Unidos como herramienta de presión contra Ottawa.
Canadá responde y también golpea a Estados Unidos
Mientras Washington anunciaba sus nuevas medidas, Canadá puso en marcha sus propias represalias.
Ottawa aplicó aranceles de 15%, 25% y hasta 50% a productos estadounidenses por un valor aproximado de 27 mil 600 millones de dólares canadienses.
Entre los productos afectados se encuentran acero, productos lácteos, artículos electrónicos, pulpa de papel y otros bienes provenientes de Estados Unidos.
El gobierno canadiense sostiene que sus medidas buscan igualar el impacto económico de los aranceles impuestos previamente por Washington.
Mark Carney intentó preparar a la población canadiense para una confrontación que podría prolongarse.
El primer ministro reconoció que reducir los vínculos económicos con Estados Unidos tendrá un costo, pero defendió la estrategia asegurando que permanecer inmóvil tendría consecuencias todavía mayores.
Bombardier se convierte en otro frente de batalla
Uno de los episodios más polémicos es la amenaza de Trump contra Bombardier, fabricante canadiense de aeronaves.
El presidente estadounidense amenazó con obstaculizar las ventas de la compañía en Estados Unidos si no aumenta su producción dentro del territorio estadounidense.
La amenaza, sin embargo, tiene un problema político: Bombardier también genera miles de empleos en Estados Unidos.
La situación incluso provocó preocupación entre legisladores republicanos. El senador Roger Marshall, de Kansas, advirtió que buscará proteger los empleos vinculados con Bombardier en su estado.
El caso muestra el dilema que enfrenta Washington: castigar a empresas canadienses puede terminar afectando también a trabajadores y compañías estadounidenses.
Trump vuelve a hablar del “estado 51”
La tensión política tampoco disminuye.
Donald Trump ha insistido en su polémica idea de que Canadá podría convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos, una propuesta que provoca un fuerte rechazo en Canadá.
La respuesta canadiense ha sido cada vez más desafiante.
En Columbia Británica, el gobierno provincial preparó incluso mensajes en la frontera con una frase contundente:
“Canadá NUNCA será el estado 51”.
El enfrentamiento ha dejado de ser únicamente económico y se ha convertido también en una disputa sobre soberanía e identidad nacional.
El verdadero peligro está en los automóviles
Pero el mayor riesgo podría llegar en enero de 2027.
Trump mantiene sobre la mesa la posibilidad de elevar al 50% los aranceles sobre automóviles, camiones y autopartes provenientes de Canadá.
Esto podría tener consecuencias mucho mayores debido a la enorme integración de las industrias automotrices de Estados Unidos, Canadá y México.
Una sola cadena de producción puede cruzar varias veces las fronteras de los tres países antes de que un vehículo llegue al consumidor.
Por eso, una escalada en el sector automotriz no afectaría únicamente a Canadá: también podría incrementar costos para empresas estadounidenses y alterar cadenas de suministro que llegan hasta México.
El tema del alcohol es más grande de lo que parece
Aquí hay una especie de guerra comercial dentro de la guerra comercial.
Canadá ya había retirado de sus tiendas buena parte del alcohol estadounidense como represalia.
Fox News señala que las exportaciones estadounidenses de bebidas espirituosas hacia Canadá se desplomaron aproximadamente dos terceras partes, pasando de unos 203 millones de dólares en 2024 a alrededor de 60 millones en 2025.
Ahora Washington responde con restricciones contra las bebidas alcohólicas canadienses.
Por eso, el whisky canadiense, cerveza, vino y otros productos se han convertido en símbolos de la batalla comercial.
¿Está en peligro el T-MEC?
Este es el punto que comienza a preocupar más.
Estados Unidos y Canadá mantienen todavía contactos entre funcionarios y no puede hablarse de una ruptura definitiva de las negociaciones. Sin embargo, la relación comercial se ha deteriorado considerablemente desde el rompimiento de las conversaciones formales el pasado 21 de agosto.
La pregunta ya no es solamente cuánto dinero perderá cada país por los aranceles.
La verdadera interrogante es si esta confrontación terminará poniendo bajo presión el sistema comercial de Norteamérica y las cadenas de producción construidas durante décadas.
Canadá depende fuertemente de Estados Unidos: alrededor de 70% de sus exportaciones tienen como destino el mercado estadounidense, mientras una proporción importante de sus importaciones también procede de su vecino.
Ottawa ya anunció miles de millones de dólares canadienses en apoyos para los sectores afectados y está acelerando su estrategia para diversificar mercados.
Una guerra que todavía puede crecer
Por ahora, Estados Unidos y Canadá siguen hablando, pero también siguen golpeándose económicamente.
Washington utiliza aranceles, restricciones de importación y la posibilidad de cerrar contratos públicos a empresas canadienses. Ottawa responde con represalias y una estrategia para disminuir su dependencia de Estados Unidos.
Y mientras Trump insiste en presionar a Canadá, Mark Carney intenta convertir la confrontación en un argumento para fortalecer la soberanía económica de su país.
El próximo gran capítulo podría ser la industria automotriz. Si los aranceles llegan al 50%, la disputa podría dejar de ser un conflicto bilateral y convertirse en un problema para toda la economía de Norteamérica.








