- La familia Reyes arribó desde temprano al malecón Leandro Rovirosa Wade en su propio navío para ver el espectáculo; lograron saludar a los pilotos
- Decenas de personas agradecieron la decisión del gobernador Javier May por devolver la vida a los malecones y recuperar esta tradición deportiva
Arriba iba la abuela, cuidando a los nietos más chicos porque los dos mayorcitos conocen bien las artes de la navegación. La lancha en la que viajaba la familia Reyes salió del río Carrizal, a la altura de la colonia Asunción Castellanos y media hora después, se orilló debajo del puente con la leyenda ‘la Esmeralda del Sureste’.
El abuelo dirigía la embarcación, que en días comunes la utiliza para pescar y transportar leña, y cuenta que fueron los nietos los que lo animaron a venir a la Gran Carrera Motonáutica, ’50 Leguas del Grijalva’, tal como lo hicieron el año pasado.
“Vine con mis nietecitos, estaban desde la mañana tercos y salían a orillas del río y veían la lancha y me rogaban que los trajera. Estamos muy felices porque ya va a empezar. Muchas gracias al señor Gobernador por recuperar esta tradición”, relató feliz el capitán ya en tierra.
Del ese lado del malecón de Gaviotas ya estaban muchas familias acomodadas en el pasto, sin despegar la vista del fondo del domesticado Grijalva, a la espera de ver la estampida de los bólidos náuticos, que fueron la admiración de chicos y grandes que no pudieron tener mejor escenario que la sombra de los árboles, el fresco del río y un gran ambiente de fiesta familiar.
Ataviada con un sombrero y un abanico hecho por manos artesanales, doña Carmen Isidro, sentada en una barra rectangular de cemento, estaba feliz porque este año eligió el sitio adecuado para ver el banderazo, a cargo del Gobernador de Tabasco, Javier May Rodríguez.

“Es el segundo año que venimos por acá, pero ahora lo disfrutamos más. En la otra ocasión nos quedamos más adelante y solo alcanzamos a ver pasar las lanchas rápidamente. Ahora vimos todo el espectáculo, fue más emocionante”, reconoció la vecina de la popular colonia.
Su nieto más pequeño, emocionado por el rugido ensordecedor de los motores y las coloridas lanchas rápidas agregó: “Fue muy padre. Y más cuando me saludaron los que iban a correr. Me alegré mucho; sí me dan ganas de volver”, confesó en súplica a los abuelos.
Las cortinas de agua rompieron la monotonía del navegable río que desemboca en las aguas tranquilas del Golfo de México. Y don José, protegido de la resolana con un sombrero chontal y una playera de algodón que dejaba ver raigambre choca, trajo a sus sobrinos para convivir con el río.
“Para mí esto es normal. Soy campesino de Nacajuca y siempre estuve en contacto con los ríos, los árboles y la naturaleza. El ambiente está genial, convivir con la familia siempre es bueno. Y más con este espectáculo sin igual. Muchas felicidades al Gobernador por impulsar esta tradición. Y nos vemos el año que viene”, prometió.








