Sembrando Vida Tabasco no solo llegó para reactivar la producción del campo, sino también para llenar de energía a las personas de la tercera edad, quienes se sienten felices por ser parte de las y los más de 50 mil sembradores que reforestarán al edén y contribuirán a mejorar la economía de su familia y de su comunidad.
A sus 76 años, cuando las instituciones bancarias ya no la consideran susceptibles de crédito, doña Miriam Magaña se siente contenta de participar en el único programa agrícola con recursos estatales en todo el país.
Nunca antes había sido parte de un programa gubernamental y ahora que lo es, considera Sembrando Vida Tabasco muy importante para su existencia y de su comunidad. “Yo soy sola y viuda y la necesidad me llevó a participar”, explicó.
Ella es oriunda de Pailebot, una población costera con presencia afrodescendiente, donde menos de la mitad de la población (37.91%) mayor de 12 años se dedica a las actividades pesqueras y agrícolas y también es una de las casi cien personas de la tercera edad, de una población de casi 800 habitantes, que habitan el noroeste de la costa tabasqueña, perteneciente al municipio de Cárdenas.
“Antes no había estos apoyos para nosotras, sí, existían, pero solo para ciertas personas. Ahora me siento bien, gracias a Dios, por el apoyo. Es trabajito, pero ahí la llevamos. Hemos sembrado ya muchas plantas, la yaka, el macuilí”, acotó.
Don David Izquierdo, de la ranchería Chicozapote, llegó a las Jornadas de Atención al Pueblo en Territorio y nada más estaba esperando a que se abriera el registro para tener la oportunidad de ser parte del programa, que en Cárdenas lo conforman siete mil sembradoras y sembradores, entre el gobierno federal y estatal.
“Para luego es tarde, dije entre mi: Es lo que yo más quería, estar ahí y tener ese apoyo”, recordó con emoción el hombre espigado, calado con un sombrero, quien hace cuatro meses fue admitido en el programa Sembrando Vida estatal.
Todavía recuerda hace algunos ayeres, cuando el campo —en la ranchería Benito Juárez— estaba abandonado y no había apoyos gubernamentales. Contra su voluntad, se fue al otro lado (Estados Unidos) para levantar a sus hijos. Con frío, lejos de su familia y sufriendo discriminación pasó solo varias Navidades, Años Nuevos, 10 de mayos y cumpleaños familiares. “Se siente durito, se siente feo”, acota brevemente.
Ahora es distinto. Don David no tiene que irse al otro lado para el sustento, junto con otros campesinos y campesinas, recibe un jornal mensual de cinco mil pesos mientras siembra su propia tierra.
“Gracias a Dios y gracias a nuestro gobierno, hay mucho apoyo ahorita. Yo recibo ayuda del programa para los de la tercera edad y Sembrando Vida estatal. Me va bien, nos dan el jornal para ayudarnos. Ya no pienso irme, tenemos apoyo como ningún otro gobierno”, reconoce. Su sonrisa lo dice todo: Sembrando Vida estatal le devolvió el ánimo y lo integró a la comunidad.












