Los Seattle Seahawks y los New England Patriots volverán a encontrarse en el Super Bowl LX en un enfrentamiento que revive una de las finales más dramáticas y dolorosas en la historia de la NFL. Once años después de aquel desenlace que marcó a toda una generación, Seattle regresa con un solo objetivo: revancha, redención y cerrar una herida que nunca sanó.
El recuerdo sigue fresco. Fue el 1 de febrero de 2015, en el Super Bowl XLIX disputado en Phoenix, Arizona. Con el marcador 28-24 a favor de los Patriots tras una remontada liderada por Tom Brady, los Seahawks tenían la última oportunidad. Estaban a solo una yarda del touchdown con 26 segundos en el reloj.
Entonces llegó la jugada que cambió la historia. Russell Wilson lanzó un pase hacia Ricardo Lockette en una acción ensayada decenas de veces, pero nunca antes utilizada en un partido. La decisión de no correr el balón desde la yarda uno quedó grabada para siempre. Malcolm Butler, un novato de los Patriots, interceptó el balón y se convirtió en el héroe de Nueva Inglaterra… y en la pesadilla eterna de Seattle.

Desde entonces, la franquicia del noroeste vivió bajo la sombra de aquella decisión. Mientras los Patriots consolidaron su dinastía con dos títulos más, los Seahawks no habían vuelto a una final de Super Bowl. Hasta ahora.
El destino quiso que ambos equipos se reencuentren en el Super Bowl LX, en Santa Clara, California. Para Seattle, liderado por el quarterback Sam Darnold, la cita representa la oportunidad de borrar una década de fantasmas. Tras una temporada casi perfecta con marca de 14-3, el equipo llega como favorito y con una de las mejores campañas de su historia.
Darnold ha superado las 4 mil yardas aéreas y suma 25 pases de touchdown, disipando las dudas que lo rodeaban tras su paso por varias franquicias. Además, la defensiva de Seattle ha sido una muralla, permitiendo apenas 17 puntos por partido y ganándose el apodo de “Dark Side”, heredera de la legendaria “Legion of Boom”.
En contraste, los Patriots llegan como el equipo sorpresa. Con el joven quarterback Drake Maye al mando, buscan iniciar una nueva era tras la salida de Tom Brady y demostrar que aún pueden competir en la élite.
Para los Seahawks, este partido es mucho más que un Super Bowl. Es la oportunidad de cerrar una de las heridas más dolorosas de su historia y liberarse de un recuerdo que los ha perseguido durante más de una década.
El domingo no solo se disputa un título. Se juega la redención. Y el mundo del fútbol americano está listo para presenciar si, finalmente, Seattle logra vengar la noche que nunca pudo olvidar.












