La frágil tregua impulsada por Donald Trump entre Estados Unidos e Irán tambalea peligrosamente tras una nueva ola de bombardeos de Israel en Líbano, que ya deja más de 250 muertos y cientos de heridos en zonas densamente pobladas.
Los ataques, considerados los más intensos del conflicto, han encendido las alarmas internacionales, no solo por la magnitud de la destrucción en ciudades como Beirut, sino porque podrían hacer estallar por completo el alto al fuego que apenas llevaba horas en pie.
Mientras tanto, la crisis escala a nivel global: Irán ha endurecido su postura y mantiene prácticamente cerrado el estratégico estrecho de Ormuz, una arteria vital por donde antes transitaban hasta 140 barcos diarios. En las últimas horas, el flujo se redujo a casi nada, con apenas un puñado de embarcaciones cruzando, lo que ya se perfila como la peor interrupción energética de la historia moderna.
Teherán ha sido claro: no habrá negociación ni reapertura total del paso marítimo mientras continúen los ataques israelíes en territorio libanés. Incluso ha advertido que cualquier barco que intente cruzar sin autorización podría ser destruido.
Por su parte, Benjamin Netanyahu ha dejado en claro que la ofensiva en Líbano continuará, asegurando que ese frente no forma parte del acuerdo de tregua. Esta postura ha sido respaldada por Washington, pero rechazada por Irán y mediadores como Pakistán, que insisten en que el Líbano sí estaba incluido en el pacto.
En el terreno, la situación es devastadora. Hospitales colapsados, rescatistas recuperando restos humanos entre escombros y familias enteras desaparecidas reflejan la magnitud de la tragedia. Incluso, el ejército israelí asegura haber eliminado a figuras cercanas al liderazgo de Hezbolá, lo que podría escalar aún más el conflicto.
El grupo Hezbolá ya respondió: tras una breve pausa, reanudó ataques contra fuerzas israelíes, argumentando que tiene derecho a defenderse.
La comunidad internacional, incluyendo la ONU, ha condenado la violencia, calificando la situación como “espantosa” y advirtiendo que la paz pende de un hilo.
Con el petróleo en riesgo, amenazas militares en aumento y una tregua que se desmorona, el mundo observa un escenario que podría detonar una crisis global de enormes proporciones.












