Dos accidentes aéreos en menos de 48 horas han encendido las alertas internacionales y dejado escenas de dolor tanto en Estados Unidos como en Colombia, en hechos que hoy son investigados por autoridades de ambos países.
El primer caso ocurrió en Nueva York, en el Aeropuerto LaGuardia, donde un avión de la aerolínea Air Canada Express sufrió un fuerte impacto al aterrizar tras colisionar con un vehículo de emergencia en pista.
El choque dejó como saldo la muerte del piloto y el copiloto, mientras que decenas de pasajeros resultaron heridos. Testimonios apuntan a que la tripulación intentó frenar para evitar una tragedia mayor, lo que habría salvado numerosas vidas. Aun así, el impacto destruyó la cabina y provocó momentos de pánico entre los pasajeros.
Horas después, la tragedia fue mucho mayor en Colombia. Un avión militar tipo Lockheed C-130 Hércules de la Fuerza Aérea Colombiana se desplomó poco después de despegar en el sur del país, en una zona selvática del departamento de Putumayo.
La aeronave transportaba a más de 120 personas, en su mayoría militares. El accidente dejó al menos 66 muertos, más de 50 heridos y varios desaparecidos, convirtiéndose en uno de los peores siniestros aéreos recientes en ese país.
De acuerdo con los primeros reportes, el avión cayó a pocos kilómetros del aeropuerto y se incendió tras el impacto, lo que dificultó las labores de rescate. Aunque las autoridades descartan un ataque, las investigaciones se centran en posibles fallas mecánicas o condiciones operativas adversas.

Ambos accidentes, aunque distintos en magnitud, han generado conmoción global y reabren el debate sobre la seguridad aérea, el mantenimiento de aeronaves y los protocolos en pista.
Mientras en Nueva York se habla de una tragedia evitada por segundos, en Colombia el país entero guarda luto por una catástrofe que sigue dejando preguntas sin respuesta.












