La tensión en la relación entre México y Estados Unidos subió de nivel luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum reaccionara con firmeza ante la participación de agentes de la CIA en un operativo realizado en Chihuahua sin conocimiento del gobierno federal.
Desde Palacio Nacional, la mandataria dejó claro que México espera que este episodio sea una “excepción” y no una práctica recurrente, subrayando que la cooperación bilateral debe mantenerse, pero siempre bajo el respeto absoluto a la soberanía nacional.
El reclamo no se quedó en palabras. A través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, encabezada en este caso por Roberto Velasco, el gobierno mexicano envió una nota diplomática al embajador estadounidense Ronald Johnson, expresando su inconformidad por lo ocurrido.
Sheinbaum enfatizó que el gobierno federal no tenía conocimiento previo de la participación de estos agentes, lo que abre cuestionamientos sobre los acuerdos establecidos a nivel estatal en Chihuahua. En ese sentido, insistió en que cualquier colaboración internacional debe apegarse estrictamente a la Constitución y a la Ley de Seguridad Nacional.
Además, rechazó que el caso deba politizarse, aunque dejó claro que debe investigarse a fondo. La mandataria apuntó que la responsabilidad podría recaer en autoridades estatales, por lo que será clave la intervención de la Fiscalía General de la República para esclarecer los hechos.
Pese a la controversia, la presidenta evitó escalar el conflicto y reiteró que México no busca confrontación con Estados Unidos, destacando que la cooperación en temas de seguridad ha dado resultados positivos en ambos lados de la frontera, como decomisos recientes de armas.
Sin embargo, el mensaje fue contundente:
la colaboración sí, pero nunca por encima de la soberanía.
El caso ahora queda bajo la lupa política y diplomática, en un momento delicado para la relación bilateral, donde cualquier señal de injerencia podría reconfigurar los términos de cooperación entre ambos países.












