México está entrando en una nueva etapa demográfica: cada vez nacen menos niñas y niños, la población crece a un ritmo más lento y la edad de los habitantes aumenta. Los nuevos resultados de la Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía muestran un cambio que puede tener consecuencias profundas para el país durante las próximas décadas.
La cifra que más llama la atención es la relacionada con la fecundidad. De acuerdo con los datos proporcionados, la tasa global de fecundidad en México cayó de 1.9 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024. Esto significa que el país se encuentra claramente por debajo del nivel aproximado de 2.1 hijos por mujer que suele utilizarse como referencia para el reemplazo generacional.
La situación es todavía más marcada en algunas entidades. La Ciudad de México registró apenas 0.8 hijos por mujer, mientras que Baja California reportó alrededor de uno y Querétaro 1.1.
En el extremo contrario aparecen entidades como Chiapas, con 1.8 hijos por mujer; Guerrero, con 1.6, y Durango y Zacatecas, con 1.5.
¿Qué significa que nazcan menos mexicanos?
El dato no significa que México vaya a perder población de manera inmediata. De hecho, el país todavía supera los 130 millones de habitantes. El problema es que la estructura de esa población está cambiando rápidamente.
La Encuesta Intercensal 2025 reporta una población de 130 millones 393 mil 389 personas y una edad mediana de 32 años, es decir, la mitad de los habitantes tiene 32 años o menos.
En otras palabras, México sigue siendo un país grande y relativamente joven, pero ya no tiene la misma estructura demográfica de hace algunas décadas.
Entre 2020 y 2025, el crecimiento promedio anual fue de apenas 0.7 por ciento, uno de los ritmos más bajos registrados en las últimas décadas.
Y existe otro dato revelador: mientras aumenta la población adulta y adulta mayor, disminuye el peso relativo de niños y adolescentes.
Entre 2015 y 2025, la población de 60 años y más aumentó cuatro puntos porcentuales, mientras que la población de hasta 19 años disminuyó 6.5 puntos porcentuales.
México comienza a parecerse a sociedades mucho más envejecidas
El fenómeno tiene una explicación sencilla: si nacen menos niños durante muchos años consecutivos, con el tiempo habrá menos jóvenes entrando a la edad laboral y una proporción mayor de adultos y adultos mayores.
Ese proceso no ocurre de un día para otro. Es acumulativo.
Una generación pequeña de niños significa, años después, una generación también más pequeña de jóvenes. Posteriormente, habrá menos personas en edad de trabajar y, al mismo tiempo, una cantidad creciente de personas que necesitarán servicios de salud, pensiones y cuidados.
Por eso la reducción de los nacimientos no solamente es un dato sobre las familias: también transforma la economía y las necesidades del Estado.
Menos trabajadores en el futuro
Uno de los principales efectos será sobre el mercado laboral.
Durante décadas, México se benefició del llamado bono demográfico: una gran cantidad de personas en edad de trabajar frente a una proporción relativamente menor de adultos mayores.
Pero esa ventaja comienza a reducirse.
Si las nuevas generaciones son considerablemente más pequeñas que las anteriores, en el futuro habrá menos jóvenes entrando al mercado laboral.
Esto puede modificar las necesidades de las empresas, la disponibilidad de trabajadores y las políticas de empleo.
Al mismo tiempo, aumentará la importancia de la productividad: con menos personas incorporándose a la fuerza laboral, producir más con cada trabajador será cada vez más relevante.
El sistema de pensiones también enfrentará una nueva realidad
Otro de los grandes cambios estará relacionado con las pensiones.
Una población que envejece significa que habrá más personas llegando a edades de retiro. Si al mismo tiempo disminuye proporcionalmente la población en edad de trabajar, aumenta la presión sobre los sistemas de pensiones y los mecanismos de ahorro para la vejez.
La Encuesta Intercensal también muestra un incremento en la proporción de personas pensionadas y jubiladas respecto de 2020.
Esto significa que México tendrá que prepararse para una sociedad con necesidades distintas a las que tenía cuando predominaban las familias numerosas y había una mayor cantidad de jóvenes.
También cambia el tamaño de los hogares
La reducción de la fecundidad también está modificando la vida cotidiana.
Menos hijos por mujer significa, en términos generales, familias más pequeñas.
Esto puede repercutir en la demanda de viviendas, escuelas, guarderías, transporte, servicios de salud y posteriormente en la cantidad de personas disponibles para cuidar a familiares mayores.
El cambio también se observa en las decisiones reproductivas: la fecundidad no solamente disminuye, sino que se desplaza hacia edades más avanzadas.
Es decir, las mujeres están teniendo menos hijos y, además, el nacimiento del primer hijo y de los siguientes ocurre a edades mayores.
La Ciudad de México muestra hacia dónde puede dirigirse el país
El caso de la capital resulta especialmente llamativo.
Con una tasa de 0.8 hijos por mujer, la Ciudad de México se encuentra muy por debajo del nivel de reemplazo generacional.
Esto no significa que la población capitalina vaya a desaparecer. La población de una ciudad también depende de la migración, la mortalidad y otros factores.
Pero sí revela hasta qué punto puede llegar el descenso de la fecundidad en una sociedad urbana.
El fenómeno está asociado a transformaciones sociales y económicas como la mayor escolaridad, la incorporación de las mujeres al mercado laboral, el costo de la vivienda y de la crianza, el retraso de las uniones y la decisión de tener menos hijos.
No existe una sola causa que explique por sí misma el descenso.
Incluso la población total quedó por debajo de algunas proyecciones
Los resultados de 2025 también muestran que México tiene menos habitantes de los que algunas proyecciones demográficas habían estimado.
El dato oficial del Inegi para 2025 es de 130.4 millones de personas, mientras que estimaciones anteriores habían contemplado una población superior.
Esto demuestra la velocidad con la que está cambiando la dinámica demográfica.
Además, entre las entidades que registraron una reducción de población durante el periodo aparecen Veracruz, Guerrero y Ciudad de México.
¿México va camino a tener menos población?
La respuesta requiere matices.
No significa que México vaya a comenzar a perder habitantes inmediatamente. La población todavía puede continuar aumentando durante un periodo debido a la estructura demográfica acumulada, la esperanza de vida y los movimientos migratorios.
Pero sí significa que el crecimiento será cada vez más lento y que el envejecimiento tendrá un peso creciente.
Si la fecundidad permanece durante mucho tiempo por debajo del reemplazo generacional, las generaciones futuras serán progresivamente más pequeñas.
Por eso el dato de 1.2 hijos por mujer resulta tan importante: no es solamente una estadística sobre cuántos hijos tienen actualmente las familias, sino una señal de cómo podría cambiar la estructura de México durante las próximas décadas.
Un México diferente está tomando forma
Los datos de la Encuesta Intercensal 2025 muestran un país que está dejando atrás la etapa de crecimiento poblacional acelerado.
Más adultos mayores, menos niños, familias más pequeñas, maternidades más tardías y un crecimiento poblacional de apenas 0.7 por ciento anual forman parte de una transformación que tendrá efectos en prácticamente todos los ámbitos.
Habrá que pensar en nuevas necesidades de vivienda, educación, empleo, salud, pensiones, cuidados y transporte.
El México del futuro, de acuerdo con estas tendencias, no solamente será más poblado o menos poblado: será un México con una estructura de edades completamente distinta.
Y ese es quizá el dato más importante detrás de la caída de los nacimientos: el cambio demográfico ya comenzó y sus efectos se acumularán durante las próximas generaciones.








