La presidenta Claudia Sheinbaum advirtió sobre los efectos del uso excesivo de celulares y redes sociales en menores de edad y planteó una regulación consensuada que involucre a escuelas, familias y especialistas.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, puso nuevamente sobre la mesa el debate sobre el uso de celulares y plataformas digitales entre niñas, niños y adolescentes, al señalar que el reto del país no consiste únicamente en prohibir estos dispositivos dentro de las escuelas, sino en generar un cambio cultural que también involucre a las familias.
Durante su exposición, la mandataria sostuvo que una prohibición aislada podría resultar insuficiente, pues los menores podrían pasar varias horas frente a las pantallas una vez que regresan a casa.
“Tenemos que hacer concientización porque si solo prohíbes, pues a lo mejor prohíbes que en las escuelas se use el celular; después llegas a la casa y puedes estar con tu hijo o hija cinco o seis horas con el celular en la mano”, afirmó.
Sheinbaum consideró que el objetivo debe ser construir, mediante el consenso, una estrategia que permita desalentar el uso intensivo de celulares y redes sociales durante la infancia y la adolescencia, al mismo tiempo que se promueven actividades sociales, físicas, educativas y familiares.
La presidenta señaló que la discusión cobra relevancia debido a que durante la adolescencia se desarrolla el cerebro, la personalidad y buena parte de los hábitos que acompañarán a las personas durante su vida. Por ello, consideró necesario que madres y padres conozcan los posibles efectos del uso excesivo de la tecnología y participen activamente en la búsqueda de soluciones.
El gobierno busca una regulación con participación de las familias
De acuerdo con lo expuesto durante la presentación, una encuesta reciente reveló que cerca del 70 por ciento de los padres de familia estaría de acuerdo con algún tipo de regulación sobre el uso de celulares y tecnologías digitales.
El secretario de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, coincidió en que el debate no debe limitarse a determinar qué ocurre con los teléfonos dentro de las aulas. El funcionario señaló que también debe analizarse cómo utilizan los menores estos dispositivos durante su tiempo libre y cuál es el papel que desempeñan las familias.
En este sentido, Sheinbaum adelantó que el Gobierno federal buscará concentrar la información presentada por especialistas para ponerla a disposición de madres, padres y docentes, con la finalidad de que puedan tomar decisiones informadas y contribuir a proteger a la población menor de edad.
El cerebro adolescente, vulnerable ante la presión digital
Durante la exposición, Lucía Magis-Weinberg, doctora en neurodesarrollo e investigadora de la Universidad de Washington, explicó que la adolescencia es una etapa de importantes cambios cerebrales y puede extenderse hasta aproximadamente los 25 años.
La especialista comparó el cerebro adolescente con un automóvil: mientras el sistema relacionado con las emociones, la recompensa y la información social funciona como un “acelerador” que madura alrededor de los 15 años, las áreas relacionadas con el control, la toma de decisiones y la evaluación de consecuencias funcionan como un “freno” que termina de desarrollarse entre los 20 y 25 años.
Este desfase, explicó, puede incrementar la sensibilidad de los adolescentes ante la aprobación social, la presión de grupo, las recompensas inmediatas y los riesgos asociados con plataformas digitales diseñadas para captar y mantener la atención.
La especialista advirtió que las plataformas digitales pueden estimular el sistema límbico y favorecer conductas automáticas, mientras que en algunos casos de vulnerabilidad pueden contribuir a desarrollar patrones de uso problemático.
La atención también estaría bajo presión
Entre los efectos señalados durante la presentación se mencionó una posible “erosión de la atención” asociada con el uso constante de dispositivos digitales. De acuerdo con los datos expuestos, el tiempo promedio de atención sostenida frente a una pantalla habría disminuido de aproximadamente 2.5 minutos a 47 segundos.
También se advirtió sobre un incremento en las distracciones y el cambio constante entre tareas, aplicaciones y contenidos, situaciones que pueden favorecer errores, aumentar el esfuerzo mental y generar mayores niveles de estrés y frustración.
A esto se suman posibles afectaciones en rutinas fundamentales para el desarrollo de niñas, niños y adolescentes, como el sueño, la actividad física, la alimentación y la convivencia familiar.
Las notificaciones y la exposición a la luz de las pantallas pueden interferir con los horarios de descanso, mientras que el sedentarismo y comer frente a dispositivos pueden modificar hábitos importantes para la salud y el desarrollo.
Redes sociales y dopamina: ¿por qué pueden atrapar la atención?
Tania Jiménez García, especialista en prevención de adicciones, explicó que las redes sociales, los videojuegos y otras plataformas digitales pueden ofrecer recompensas inmediatas mediante mecanismos relacionados con la liberación de dopamina.
Cuando existe una estimulación constante, señaló, el cerebro puede acostumbrarse a recibir recompensas rápidas, haciendo que actividades cotidianas como estudiar, hacer ejercicio, terminar una tarea o convivir con otras personas puedan resultar menos estimulantes en comparación con la experiencia inmediata que ofrecen las plataformas digitales.
La especialista aclaró, sin embargo, que un uso problemático no significa automáticamente que exista una adicción. Un diagnóstico de este tipo únicamente puede ser realizado por personal especializado.
Entre las señales de alerta mencionadas se encuentran la pérdida de control sobre el tiempo de uso, la necesidad de permanecer cada vez más tiempo frente a las pantallas, la irritabilidad cuando se retira el dispositivo y continuar con la conducta pese a consecuencias negativas en la vida familiar, escolar o personal.
La propuesta: menos prohibición y más acompañamiento
Ante este escenario, las recomendaciones planteadas apuntan a que la respuesta no sea únicamente prohibir los teléfonos celulares, sino establecer límites adecuados para cada edad y fortalecer el acompañamiento de las familias.
Entre las medidas sugeridas se encuentran establecer horarios de desconexión, crear espacios libres de dispositivos, promover hábitos saludables, fortalecer el aprendizaje presencial y desarrollar una mayor formación en ciudadanía digital.
También se planteó que las escuelas contribuyan al desarrollo del pensamiento crítico y que las plataformas digitales adopten medidas de seguridad y protección adecuadas para las diferentes edades.
Sheinbaum insistió en que el objetivo no es rechazar la tecnología, sino evitar que el uso excesivo de celulares y redes sociales termine desplazando actividades fundamentales para el desarrollo físico, emocional y social de niñas, niños y adolescentes.
La discusión, adelantó, continuará con la participación de familias, docentes, especialistas y autoridades, en busca de una regulación consensuada que permita enfrentar uno de los nuevos desafíos de la infancia y la adolescencia: aprender a convivir con la tecnología sin quedar atrapados por ella.








