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El secreto para vivir más y mejor podría estar en tus hábitos, según un genetista de Harvard

¿La edad realmente está determinada por nuestros genes? El investigador y genetista David Sinclair, profesor de la Escuela de Medicina de Harvard y uno de los científicos más conocidos en el estudio de la longevidad, sostiene que la respuesta no es tan sencilla.

Su planteamiento es contundente: “Puedes cambiar el arco de tu vida haciendo las cosas correctas”.

Sinclair ha dedicado buena parte de su trabajo a estudiar por qué envejecemos y qué factores podrían influir en la velocidad de ese proceso. De acuerdo con su explicación, la genética tiene un papel importante, pero no sería el único factor que determina cómo llegamos a la vejez.

¿Los genes determinan cuánto vamos a vivir?

Una de las ideas que Sinclair busca cuestionar es que nuestro destino esté completamente escrito en el ADN.

El investigador ha señalado, a partir de estudios con gemelos idénticos, que la genética explicaría solamente una parte de las diferencias relacionadas con la salud durante la vejez. En el material citado por LA NACION, Sinclair estima esa influencia en alrededor del 20%.

El resto estaría relacionado con factores ambientales y, especialmente, con el estilo de vida.

Eso significa que la alimentación, la actividad física, el descanso y otros hábitos pueden influir en la manera en que nuestro organismo envejece.

Pero esto no significa que una persona pueda controlar completamente su esperanza de vida ni evitar todas las enfermedades. Se trata, más bien, de que determinados hábitos pueden modificar factores relacionados con la salud y el envejecimiento.

¿Qué tienen que ver el ejercicio y el ayuno?

Aquí aparece uno de los conceptos centrales de las investigaciones de Sinclair: las sirtuinas, un grupo de proteínas relacionadas con mecanismos celulares de respuesta al estrés y mantenimiento celular.

Según el investigador, determinadas situaciones, como el ejercicio y la restricción alimentaria, pueden activar mecanismos asociados con estas proteínas.

Sinclair relaciona este fenómeno con un concepto conocido como hormesis: una respuesta mediante la cual un estrés moderado puede provocar mecanismos de adaptación en el organismo.

En términos sencillos: un desafío controlado puede hacer que las células activen mecanismos de defensa y reparación.

Por eso, para Sinclair, el ejercicio no solamente sirve para fortalecer músculos o mejorar la condición cardiovascular. También representa un estímulo biológico que puede provocar respuestas de adaptación en las células.

Su teoría más polémica: el envejecimiento como una pérdida de información

La explicación de Sinclair sobre el envejecimiento va todavía más lejos.

El científico propone que envejecer podría entenderse como una pérdida progresiva de información epigenética.

Para explicarlo utiliza una comparación sencilla: un DVD contiene información, pero si con el tiempo su superficie se llena de rayones, el dispositivo puede tener problemas para leer correctamente aquello que originalmente estaba almacenado.

Sinclair plantea que algo parecido podría suceder con nuestras células.

Con el paso del tiempo, las células pueden perder parte de la información que les permite mantener correctamente su identidad y funcionamiento. Esto contribuiría al deterioro progresivo de los tejidos y órganos.

De ahí surge una de sus frases más llamativas: “El envejecimiento es simplemente una pérdida de información”.

¿Podríamos algún día “reiniciar” las células?

Esta es quizá la parte más futurista de la propuesta de Sinclair.

El investigador ha realizado experimentos en animales para estudiar si determinados mecanismos epigenéticos pueden ser modificados y si las células pueden recuperar características anteriores.

A partir de esos trabajos, Sinclair plantea una posibilidad que todavía pertenece al terreno de la investigación: que en el futuro sea posible restaurar parte de la información perdida por las células durante el envejecimiento.

Su comparación es con una computadora: si una célula fuera como un sistema informático, quizá algún día sería posible “reiniciar” el sistema y recuperar instrucciones que se habían perdido.

Sin embargo, esta idea no significa que actualmente exista un tratamiento capaz de rejuvenecer a los seres humanos. Buena parte de estas investigaciones continúa en etapas experimentales y no debe confundirse con una terapia disponible para detener o revertir el envejecimiento.

El mensaje de Sinclair

Más allá de las teorías sobre genética, epigenética y longevidad, el mensaje que el investigador intenta transmitir es relativamente sencillo:

Nuestros hábitos importan.

Mantener actividad física, cuidar la alimentación, dormir adecuadamente y evitar factores de riesgo no garantiza vivir hasta determinada edad, pero sí puede contribuir a mejorar la salud y reducir el riesgo de numerosas enfermedades.

La gran apuesta de la ciencia de la longevidad es descubrir hasta qué punto podemos intervenir en los mecanismos biológicos del envejecimiento.

Y para Sinclair, la pregunta ya no es únicamente cuántos años podemos vivir, sino cuánto podemos prolongar los años de vida saludable.

Por ahora, la idea de “reiniciar” nuestras células sigue siendo una hipótesis científica en investigación. Pero su mensaje es claro: el envejecimiento podría ser mucho más modificable de lo que tradicionalmente se pensaba.

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